Los Seres Humanos usamos el fuego para vivir, y para conseguirlo quemamos alguna cosa. Los cambios exigen transformación

Desde el principio de los tiempos los seres humanos usamos el fuego para vivir, como en la película La Guerra del Fuego, en que el fuego representaba para aquella tribu de Neandertales el único modo de sobrevivir al frío, a los depredadores en la oscuridad de la noche y también un medio para cocinar algunos alimentos.

En nuestra humanidad actual, el fuego es más que ese fuego literal, también es metáfora de las pasiones humanas que nos hacen sentirnos vivos. Y muchas veces la desdicha proviene tanto de la carencia de pasiones como del exceso de las mismas, al igual que en muchas otros temas se trata de aprender el arte de hacer equilibrio, entre aquello que nos apasiona y el dominio de ese fuego que nos da vida para que no nos consuma.

Se trata de aprender a mantener ese fuego que alimenta nuestras vidas, que nos abriga frente a las tempestades y nos ilumina en las noches más oscuras; se trata de mantenerlo encendido en la curiosidad de nuestra mente, en el corazón motor de nuestra vida y en el centro mismo de nuestra existencia, nuestro ser, nuestra alma.

Para alimentar la llama de ese fuego es necesario quemar/soltar todo lo que no suma ni enciende nuestras vidas, pueden ser viejos patrones de pensamiento/creencias que nos empobrecen y limitan, modos de resolver situaciones que alguna vez nos sirvieron pero ya no funcionan y nos producen bloqueos, relaciones que nos resultan tóxicas en las que malgastamos nuestra energía, nuestro brillo, nuestras ganas de crecer y de vivir sana, entusiasmada y apasionadamente nuestras vidas.

Para mantener viva nuestra llama necesitamos actualizar nuestros conocimientos, incorporar herramientas, modificar nuestros comportamientos, cambiar/mejorar nuestros sistemas de creencias/pensamientos y formas de ver la vida, necesitamos estar dispuestos a una continua transformación, a la evolución al igual que aquellos Neandertales, la evolución puede parecer imperceptible pero es segura porque la vida misma nos desafía a diario.

Aunque a veces los días puedan llegar a parecernos unos tras otros los mismos, lo único permanente es el cambio y depende de nosotros percibirlo, ya que pone a prueba nuestra inteligencia en términos de nuestra capacidad de adaptarnos a la realidad  y también de modificarla y transformarnos a nosotros mismos en esa interacción.

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LIC. SOLANGE FARÍAS GÓMEZ
PsicoBioNeuroCoach

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